Soy atleta de los de antes, Por Santiago Cisneros


Soy un atleta de los de antes. De los que vienen de la pista, de las carreras de calle de 300 personas. Participé en competencias en las que todos nos conocíamos y nos sorprendíamos por el cálido ambiente que se respiraba antes, durante y después de la competencia.
Éramos como una familia grande que se reunía todos los domingos. Los atletas se conocían pero tal vez no por su nombre, sino por su musculosa y su short que eran los mismos de todos los años. Soy de los atletas de antes, de esa época que no existían los geles energéticos, solo el membrillo y la banana.
Soy de los de antes. En las carreras las botellitas de plástico no inundaban el circuito de la prueba. Nadie tenía mochilas de hidratación, ni cinturones con botellas. Sólo se esperaba el vasito de plástico, la esponja mojada y con suerte la bolsita con agua, que era lo que más duraba en las manos.
Soy un atleta de la vieja escuela. En aquellas épocas correr con un par de zapatillas con colores fluorescentes resultaba todo un reto, un escándalo (eran muy llamativas). Fui de esos atletas que implementar el uso de la calza larga nos costó varios insultos en la calle.
No contábamos con GPS, ni parciales. Solo un simple reloj digital que en algunos casos no funcionó y terminamos sacando cuentas con algún reloj de aguja. Sólo la pista, ese óvalo de 400 mts hermoso y cruel al mismo tiempo nos decía la verdad de nuestras marcas.
Soy un atleta de los de antes, de la época que para enterarme de las próximas carreras tenía que ir a una y agarrar los folletos informativos de las próximas competencias.
En esos tiempos las carreras eran muy esporádicas y nos dolía el receso de carreras en el verano. Los niños se alegraban por las vacaciones y nosotros nos entristecíamos por no tener competencias. Nadie corría por una medalla, ni por qué traía el kit, mucho menos por si la remera de regalo era linda o fea, a nadie se le ocurriría preguntar eso, porque simplemente no existía.
Soy de esos días en los que nadie nos sacaba fotos. Soy de esos días donde el perfume más característico y delicioso antes de la carrera era el del átomo. Y donde la palabra ropa técnica no existía, solo nuestros fieles shorts y nuestra musculosa (a veces con agujeros).
De esos días hermosos soy, de hace mucho tiempo atrás soy atleta, de esos días que soñábamos algún día ser una multitud, de esos días donde pensar en una carrera de 15.000 almas era una utopía. Perdí la cuenta de las carreras, mi frasco de medallas desbordo y las remeras ya no me entran en el placard.
Ya paso mucho tiempo desde que soy atleta, hasta muchos amigos ya no están, ya se fueron y me esperan para fondear en el cielo.
Pero sí hay algo que cada vez que voy a una carrera me doy cuenta fácilmente es de esos atletas de antes. Somos distintos, porque a un atleta de antes lo podría reconocer a 42.195 metros de distancia.
Corríamos por amor al evento de reunirnos a correr.
Soy de esos días donde éramos corredores, no runners .
Por Santiago Cisneros

 
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